Te imagino tomando una cerveza.
Acariciando el vaso entre tus manos suaves,
mirando la ventana, inmóvil, suspendida,
en busca de recuerdos que se escapan.

Te imagino sentada en un local tranquilo
girando el taburete treinta grados
moviendo las rodillas lentamente
en la huida de todo pensamiento.

Te imagino, de nuevo por el parque,
caminando despacio, vuelta a casa,
esperando mis ojos tus abrazos
en una calle de luces ya dormidas.

Mariano Cuesta
27 de junio de 2011