El mundo es hostil un jueves por la tarde,

desaparecen las ganas como disueltas

en café amargo despintando paredes.

Los autobuses cruzando letanías

con transeuntes anónimos.

La lluvia repiquetea en los cristales

cantando una canción de otoño y miedo.

La primavera está desnuda en una cárcel,

el frío campa a sus anchas por este despertar.

El gato me mira y me sonríe, se apiada de mi

por ser un ignorante de la vida y sus costumbres.

Volver al punto cero es tan amargo, como amagar

sin llegar a tocar las cosas que uno quiere.

Las ruinas de los árboles resquebrajados, mi ser,

mi displicencia, todo es uno.

El mar, el agua, el viento, mi gato imaginario,

el infierno inventado como excusa.