El trabajo bien hecho sabe a chocolate caliente,

a pan tostado, a media tarde o a victoria.

A sudorosas madrugadas de verano

o al césped que moja tu entrepierna.

 

Sabe como el calor de unos labios rendidos

a la excelencia de la tierra firme

o la herrumbre matinal atormentada

por el no saber de este futuro incierto

 

Sabe a versos libres, descolgados

como aves migratorias en el otoño.

Sabe a confort y casa limpia,

al orgullo de haberlo terminado.