Hazme caso,

no todo dura para siempre.

Lo aprendí comiendo flores

en cualquier planeta imaginario.

Los cafés humeantes

se cambian de sitio con sabor a prisa

y desencuentro.

Desperezan cuerpos,

aún dormidos,

y ponen en marcha la ciudad

que, hostil, me inunda las entrañas.

 

Las musas mascullan ininteligibles poemas de Kavafis

y todo queda claro…

Un -ven- y un -no te digo nada-.

Un quizá que pase a ser pregunta.

Un dolor,

un poema triste en el olvido

para cuando el fin se meta en tu cama

y te despierte.

No sé quien soy, aunque eso ya no importa,

pero hazme caso.

Hazme caso,

no todo dura para siempre.