Hay cosas que son inevitables:

el café de la mañana,

las hojas por el suelo en Otoño,

llegar tarde el primer día de clase

o un tedioso lunes de trabajo.

Terminar de beber el resto de la botella de refresco,

pensar lo que pudo ser y no fue,

echar la vista atrás o mirar al futuro.

Comer patatas con las manos

o descalzarse cuando llevas todo el día de trabajo.

Estar pendiente del teléfono – por si te llaman –

Contar las baldosas impares que cruzan la calle,

Pensar en ti.