A pesar de las luces, del ruido, de lo estridente del asunto,

no lo vi venir.

Y una brutal explosión de incertidumbre

se instaló en mis entrañas,

sembrando un mar dudas.

Los periódicos se volvieron papel mojado

en la estación que cantaba Luis Ramiro.

Sigue lloviendo, ahora, como antes

los teléfonos dejaron de sonar

todo era mentira.

Y ya no habrá que esperar nada más,

todo acabó y ya no volverá.

 

Duele, duele mucho,

pero duele más aún porque no lo vi venir.

Era rojo o amarillo

con sus luces brillantes y desaforadas

su velocidad punta, su inesperada presencia.