Me duelen el norte, el sur
El este y el oeste.
Me duele la existencia sutil del tiempo que desgrana mi paciencia.
Y esta sensación de exilio permanente no me deja vivir. Camús me describía en El Extranjero, y Kafka me diseccionó en El Proceso. Me han escrito tantas veces en espejos de palabras que sigo sin saber quién soy. Completamente viernes, sin más que un no-lugar inexistente.