Andaba enfrascado en una conversación sobre movimientos culturales y de repente, Fanista, me propuso hablar del tema de los skins. Yo, sorprendido, le dije que sabía lo que era eso y que me parecía una locura. Ella me dijo que no lo sabía, que estaba equivocado. Y me ofreció la posibilidad (antes de que entre en vigor la dichosa Ley Sinde) de descargame un documental llamado Skinheads Attitude. En él, Daniel Schweizer, nos rompe los esquemas. El imaginario colectivo del movimiento Skin no es en absoluto el que tenemos en la cabeza. Los Skinheads primigenios nacen de una derivación del colectivo Mod en Inglaterra, a principio de los años 60, y paralalemente en Jamaica, aparecen los Rude Boys, que vienen a ser un estilo a los Mod. Llevaron su música y su estética a las islas británicas. Sus protestas son de caracter social, obrero, con una fuerte carga de pesimismo. Llevaban ropas típicas de obrero, botas, camisetas blancas interiores, tirantes… Empezaron a cortarse el pelo para no confundirse con los hippies.

 

Skin heads primitivos

 

Estos eran los Skin heads, hasta que Ian Stuart, lider del grupo ska Skrewdriver comenzó a proclamar ideales nazis. Muchos de sus seguidores, se volvieron radicales de extrema derecha, apoyando al nazismo y proclamando su orgullo inglés. Empezaron a ser xenófobos para según ellos, acabar con los problemas del país. Como respuesta a ellos nació el movimiento Skin Sharp, Skin Heads Anti-fascists.

 

He querido escribir esta somera aclaración porque vivimos en un mundo donde priman las etiquetas, sin la profundidad suficiente como para tener capacidad crítica. La idea que se tiene de los skins, por la contaminación mediática del término skinheads, es peligrosa. Como peligrosos son los mensajes que nos pueden llegar de determinados medios de comunicación y los asumimos como la verdad absoluta. La mayoría de nosotros se queda con lo primero que le llega. Apenas tenemos capacidad crítica y eso es lo peligroso. El hecho de tener prejuicios tiene dos vertientes: por un lado nos hace estar seguros de nuestras ideas. Nos afirmamos en lo que creemos que sabemos. Por otro lado nos perdemos la diversidad de opiniones y profundidad para interesarnos por la otra parte. Esto hace que muchas veces tengamos ideas preconcebidas erróneas y quizá seamos demasiado orgullosos para cambiar nuestro punto de vista que siempre consideramos correcto. Que le rompan a uno los esquemas y los prejucios es uno de los ejercicios que todo ser humano debería experimentar al menos, una vez en su vida.