Como se apaga una vela. Quizá a los ajenos nos les importe, pero se fue.
Se fue durmiendo, en silencio, sin hacer ningún ruido, como fue su vida.
A sus “veinticatorce” años.
Tendré que aprender a vivir sin él. Sin sus consejos, sin sus bromas, sin sus palabras cariñosas, sin su sabiduria impagable, transmitida con dulzura, con una delicadeza exquisita.

Abuelo, descansa en paz.

Un beso.