Vulnerable

Sentirme vulnerable es una cuestión de tiempo,

como abrir el periódico por los crucigramas,

como los cuervos, que alimento a conciencia,

en la estantería izquierda del dormitorio de invitados.

Más allá del sonido del despertador y tostadas

crujientes como el casco de un barco a la deriva.

Sentirme vulnerable es una cuestión de espacio,

de verme solo, o rodeado de una multitud inexistente,

que grita en silencio durante las noches de invierno.

Cuando las calles no sean más que urnas vacías,

corazones viviendo un destierro o una fila de monedas

que algún día llegarán a convertirse en pan, o en vino.

Los continentes cruzarán descalzos por la zona azul del parking de La Habana.

Se vende. Razón aquí.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.