Una pulsera maldita
Dani intentó llevar a su hijo con síndrome de Tourette a PortAventura. A pesar de poseer un certificado oficial de discapacidad reconocido al 33% por las autoridades españolas y haber visitado exitosamente otros parques temáticos importantes, PortAventura exigió documentación médica adicional.
El parque argumentó que el informe de neurología proporcionado y la tarjeta de discapacidad no probaban "la presencia de movimientos estereotipados". Subrayo el absurdo: el diagnóstico de síndrome de Tourette no probaba que existieran movimientos estereotipados, cuando estos movimientos involuntarios y repetitivos son definitorios de la condición.
Falta de capacitación, no malicia
Esto refleja capacitación insuficiente más que malicia. El equipo de atención al cliente aparentemente carecía de conocimiento básico de que el síndrome de Tourette inherentemente implica movimientos estereotipados listados en el DSM-5 y textos de neurología estándar.
El síndrome de Tourette afecta aproximadamente a uno de cada 100 niños—cientos de familias anuales visitan PortAventura. Mientras que algunas familias persisten como Dani, muchas simplemente abandonan el intento, creando estadísticas invisibles de exclusión.
Lo que debe cambiar
Tres solicitudes: emitir inmediatamente la pulsera sin documentación adicional, incluir explícitamente Tourette en protocolos internos, y capacitar personal, reconociendo que la educación apropiada distingue instalaciones genuinamente accesibles de aquellas meramente reclamando accesibilidad.